por S. Stuart Park
Elizabeth Barrett (1806-1861) procedía de una familia que se hizo rica gracias a la esclavitud, principalmente de la propiedad de plantaciones en las Indias Occidentales Británicas. Su familia paterna había vivido en la colonia de Jamaica desde 1655, aunque su padre optó por criar a su familia en Inglaterra, mientras que sus empresas comerciales permanecieron en Jamaica. Elizabeth por su parte luchó contra el esclavismo, lo que granjeó la desaprobación de su padre, que la desheredó cuando se casó con el afamado poeta Robert Browning, y defendió los derechos de la mujer.
Elizabeth era una lectora precoz que aprendió griego y hebreo, conocía los clásicos, se interesó vivamente por los grandes debates teológicos de su día, y poseía una fe profunda que brilla a través de toda su obra. Gran conocedora de obras como el
Paraíso perdido de Milton, y La
Divina Commedia de Dante, llegó a ser más popular incluso que su marido, un poeta muy querido, uno de cuyos poemas nostálgicos —ya que Robert y Elizabeth fueron a Italia a vivir tras la crisis de su padre—, es tan conocido como los ‘Daffodils’ de Wordsworth.
La salud de Elizabeth fue delicada y sufrió intensos dolores de cabeza y de columna con pérdida de movilidad, soportados con opio y morfina, un paliativo que contribuyó al deterioro paulatino de su salud. Como testimonio de su actitud en medio de la aflicción, este hermoso poema titulado ‘DE PROFUNDIS’.
Te alabo mientras mis días pasan;
Te amo mientras mis días pasan:
A través de la oscuridad y la escasez, a través del fuego y la escarcha,
Con los brazos vacíos y el tesoro perdido,
Te doy gracias mientras mis días continúan.
Y habiendo arrojado en la profundidad de tu vida
Ser y sufrimiento (que son uno),
Como un niño deja caer su pequeño guijarro
En algún pozo profundo, y lo oye caer
Sonriendo — así yo. TUS DÍAS SIGUEN.
Se dijo que murió con una sonrisa en los labios y que sus últimas palabras fueron: “¡Qué hermoso!”
La angustia de William Cowper y las lágrimas de Anne Brontë forman tan parte de la experiencia de la fe como la serenidad y confianza de Elizabeth Barrett Browning en medio del dolor, una fe vivida a su manera y en integridad aunque dispar en sus manifestaciones poéticas, como se ha visto, y en su experiencia vital.