por S. Stuart Park
Hemos hecho alusión a un célebre poema de Robert Browning (‘Home Thoughts from Abroad’ — Reflexiones desde el extranjero) en el que el poeta expresa sentimientos de añoranza a través de referencias a la campiña inglesa. Browning recuerda la flora y fauna de la primavera, como los olmos y los perales en flor, y el canto de los pájaros como los pinzones, currucas, zorzales y golondrinas. Traemos a continuación unos versos entrañables de la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873) que expresan su nostalgia por la isla tras muchos años en España.
Hija de padre español y madre cubana, Gertrudis nació en Cuba donde recibió una sólida educación. Se instaló en la Península a los veintidós años, donde comenzó a publicar bajo el seudónimo de «La Peregrina» y se dio a conocer con la novela
Sab, considerada la primera novela antiesclavista (anterior incluso a
La cabaña del tío Tom, de la escritora estadounidense Harriet Beecher Stowe que inspiró a Elizabeth Barret Browning). Su vida sentimental fue azarosa. Sufrió pérdida y luto, desengaños amorosos y decepciones. Fue la primera mujer candidata para la Real Academia Española, rechazada con el argumento de que el reglamento de la institución no contemplaba la entrada de mujeres. Se hizo famosa, objeto de admiración por su extensa producción literaria tanto poética como novelística.
Después de más de dos décadas en España, Gertrudis regresó a Cuba. En un hermoso poema titulado ‘La vuelta a la patria’ expresó su sentimiento al volver:
¡Perla del mar! ¡Cuba hermosa!
Después de ausencia tan larga
que por más de cuatro lustros
conté sus horas infaustas,
torno al fin, torno a pisar
tus siempre queridas playas,
de júbilo henchido el pecho,
de entusiasmo ardiendo el alma.
¡Salud, oh, tierra bendita,
tranquilo edén de mi infancia,
que encierras tantos recuerdos
de mis sueños de esperanza!
La nostalgia forma parte de nuestras «intuiciones de inmortalidad» y no conoce fronteras ni barreras: para Robert Browning, la campiña inglesa en primavera; para Gertrudis de Avellaneda las queridas playas del «tranquilo edén» de su infancia en Cuba.